“Picking cherries” en Oliver

Oliver

Un pueblo en el desierto

Nacido de las aguas, bendito con el Sol” es el lema de Oliver y es cierto que si no hubiera sido por el agua aquí no habría nada de nada, pero en serio, ¿bendito por el Sol? No creo que nadie que visite este pueblo en julio crea que este sol abrasador, capaz de hacer sudar hasta las piedras, sea una bendición. Durante la semana que pasamos aquí el termómetro de día rondó siempre los 40 grados.

Y nosotros nos preguntábamos ¿cómo puede ser que en un lugar tan árido y semidesértico como este puedan prosperar tantas plantaciones de cerezos? Es más, ¿cómo puede ser que uno de los principales atractivos del lugar sea el golf? La respuesta, evidentemente, es gracias a las tareas de canalización que se hicieron aquí durante la primera mitad del siglo pasado y que convirtieron este pueblo y la vecina localidad de Osoyoos en auténticos oasis en medio de un desierto de arbustos espinosos. Con razón algunos de los quebequeses que conocimos nos dijeron “Esto no es Canadá“. Pero si, en Canadá también hay un desierto aunque solo ocupe unas 100 hectáreas.

Montando el campamento

El 7 de julio por la mañana, Nav nos llevó a la estación de autobuses y quedamos con ella que a nuestro regreso volveríamos a vernos. Como ya hicimos con Rafa y Rey cuando fuimos a Vancouver Island, dejamos en su casa una mochila con todas aquellas cosas que no necesitábamos para esta aventura. El trayecto entre Kelowna y Oliver con Greyhound nos salió por 25,78$ por cabeza y duró algo menos de tres horas. La mayoría de gente se bajó en Penticton y los que continuamos hasta Oliver, mayoritariamente jóvenes de 20 y poco años, íbamos cargados con abultadas mochilas y tiendas de campaña. Era evidente que todos íbamos hacia el sur con el mismo objetivo, trabajar de pickers.

A las dos del mediodía llegamos a Oliver y al bajar del autobús una bocanada de aire caliente nos golpeó en la cara. Era el momento de ponerse la gorra y de untarse con una buena ración de protector solar. Habíamos quedado con Nirmal, nuestro nuevo jefe, que a las 17.00 nos recogería en la parada de autobús así que para matar el tiempo y huir del calor fuimos a dar una vuelta por el pueblo. Como no, estaba totalmente desierto, todo el mundo se escondía en sus casas y el único lugar donde vimos señales de vida fue en el supermercado ¡Bendito sea el inventor del aire acondicionado!

Nirmal era uno más de los muchos indios terratenientes provenientes de la región del Punjab que se dedican a cultivar fruta en el Okanagan Valley. Tal y como nos dijo Nav, trabajar en el campo “es como una segunda naturaleza” para muchos de ellos que, a pesar de haber emigrado a miles de kilómetros de su hogar, se las han apañado para seguir haciendo aquí lo que ya hacían en su país natal.

El jefe nos llevó hasta sus campos de manzanas y cerezas, en la carretera entre Oliver y Osoyoos, y nos mostró donde trabajaríamos al día siguiente. Éramos los primeros trabajadores en llegar así que pudimos quedarnos con la sombra del árbol que daba más cobijo. Estábamos a unos 6 kilómetros del pueblo, en la  confluencia entre la Road 11 y la carretera de Osoyoos. En ese momento no nos pareció, ni mucho menos, que fuera una larga distancia, pero no teníamos en cuenta el factor calor y el asfalto hirviendo. Montamos la tienda -esta vez tardamos mucho menos que en Ucluelet- y al poco rato llegaron el resto de nuestros compañeros. Todos ellos eran jóvenes de poco más de 20 años venidos, en su mayoría, de Quebec. Venir al Okanagan a hacer de picker es una costumbre muy extendida entre los jóvenes quebequenses que aprovechan las vacaciones de verano para cruzarse el país de punta a punta, hacer turismo, practicar inglés y, de paso, hacer algo de dinero. Uno de ellos comentó que desperdigados por el valle había unos 80 compañeros de su mismo instituto de Montreal.

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En el campamento teníamos un gato, la mascota recién adoptada de una pareja quebequense

El nuestro no era, ni mucho menos, el único campamento del lugar. Toda la zona entre Oliver y Osoyoos estaba repleta de tiendas de campaña, furgonetas, coches y otros lugares, más o menos improvisados, donde vivían y dormían los pickers.

Pero en todo esto había un pequeño problema: el campamento no tenía ni agua corriente, ni electricidad, ni lavabo, ni ducha ni nada de nada. Si necesitábamos cualquier cosa teníamos que ir hasta la Road 16 donde vivía nuestro empleador o, mucho más cerca, ir hasta Oliver. La importancia de este inconveniente se relativizó bastante al comprobar lo sencillo que era conseguir que algún coche nos recogiera en la carretera. En la semana que estuvimos aquí fuimos al pueblo todos los días y solo hubo una vez que desistimos al ver que nadie nos cogía y fue cuando intentamos ir a Osoyoos en vez de Oliver. La mayoría de los pickers de Quebec habían llegado aquí en coche o en alguna furgoneta destartalada  y siempre se prestaban a acercar a los demás a cualquier lugar. De hecho, si algunos no nos recogían en la carretera solía ser porque ya iban completos.

En uno de estos viajes, un conductor local nos dio un consejo bastante útil que sirvió para emparanoiarnos bastante: “Nunca crucéis a través de los matorrales secos, están llenos de serpientes de cascabel“. Esta advertencia dejaba en ridículo la que nos diera Matt en Penticton de “Mirad siempre dentro de vuestros zapatos antes de calzaros, a las viudas negras les gusta esconderse ahí dentro“.

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Por suerte nosotros solo nos encontramos con esta inofensiva culebra de agua

A favor de nuestro improvisado campamento diremos que estaba en uno de los lugares más concurridos de los alrededores, ya que en la Road 11 había una entrada al río Okanagan y por las tardes muchos pickers se reunían aquí para intentar sobrellevar el calor de la mejor manera posible. Aún así, esto es Canadá y aunque estuviéramos a 40 grados y nos estuviéramos fundiendo de calor el agua del río seguía tremendamente fría.

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Los flotadores eran uno de los medios de transporte favorito de los pickers acalorados

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Con lo fría que estaba el agua, el sistema más “indoloro” para entrar era lanzarse desde una de las cuerdas que colgaban en la orilla

Picking cherries

Recoger cerezas es un trabajo duro, como lo son la mayoría de faenas del campo. Hay que madrugar para evitar las horas más calurosas y hay que aguantar largas jornadas de esfuerzo físico. Nuestros jefes eran conscientes de ello así que nos daban total libertad de horario: si querías empezar a las 4 de la mañana podías y si a las 10 ya hacía demasiado calor podías irte al campamento. Aquí cada uno trabajaba en la medida de lo que quería o necesitaba.

Antes de venir nos habían comentado que se necesitaba estar en buena forma para soportar este trabajo, pero no tardamos en darnos cuenta que lo más importante era el sentido del equilibrio. Para alcanzar las cerezas más altas del árbol cargábamos con nosotros una sencilla escalera de mano que, junto al cubo atado a un arnés en el que cargábamos la fruta, se convirtieron en nuestros compañeros inseparables. Poner bien la escalera era algo serio ya que si no la colocabas bien nivelada, corrías el riesgo de caerte. Vimos en directo como una compañera se despeñaba desde lo alto atrapándose la pierna entre los peldaños. Por suerte ella no se hizo nada, pero escuchamos historias de caídas bastante dolorosas con vertebras rotas incluidas. También nos contaron que una chica de Sevilla había estado a punto de partirse el espinazo, pero eso había pasado fuera del horario laboral y con muchas drogas por medio. Creyó que saltar desde lo alto de un cerezo era una buena idea.

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La recogida de cerezas se paga por bucket, es decir, por cubo que llenes. Nosotros, muy motivados, pero con experiencia nula conseguimos un máximo de 45 cubos por cabeza en un día. Con esto estábamos satisfechos ya que, a 2,50 dólares el cubo, significaba sacarnos entre los dos unos 225$ al día. Por los campamentos circulaban leyendas sobre pickers que rayaban lo mitológico. Se hablaba de Apocalypto, un curtido mejicano capaz de desplumar una rama con un solo gesto. En una mañana él solito se hacía el equivalente a 150 buckets, lo que al final del día eran unos 375$ para su bolsillo. Evidentemente, la mayoría no llegaba a estos niveles, pero todo el mundo intentaba dar lo mejor para rascar unos dólares de más. Incluso conocimos a un tipo que se plantaba en el campo con unos zancos y corría de un lado al otro recogiendo las cerezas de la parte superior, las más grandes y las que llenan el cubo más rápido.

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La salida del sol siempre nos cogía encaramados en lo alto de nuestras escaleras

La última cena de Osoyoos

Durante toda la semana, en la Iglesia Baptista de Osoyoos se organizaron unas cenas donde se servía una cena gratuita a todo el que se acercara. Como os podéis imaginar, la idea “comida gratis” hacía furor y sobre las 18.00 se veía por la carretera un desfile continuo de coches destartalados cargados de pickers que se encaminaban hacia allá. Al principio nosotros éramos bastante reticentes a ir ya que pensamos que la comida gratuita debe ser para aquellos que realmente la necesitan porque no pueden acceder a ella de otra manera, pero resultó que el motivo de estas cenas no era alimentar estómagos hambrientos sino intentar sembrar un poco de fe en los corazones de los pickers descreídos. Así que el viernes, último día en que se realizaba esta iniciativa, nos decidimos a ir.

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¡Menuda sorpresa nos llevamos! No solo ofrecían comida caliente sino que también regalaban pan, productos de higiene, agua potable y ofrecían la posibilidad de cargar móviles y portátiles e incluso te lavaban la ropa de un día para el otro. ¡Y todo esto a cambio de tan solo un high five al pastor Terry de Abbotsford! Pero, como ellos mismos decían, el regalo más importante que nos hacían era el “amor”. Su compromiso fue realmente loable ya que en 5 días los 50 voluntarios -que, de hecho, pagaban por estar aquí- sirvieron un total de 2.500 raciones de comida. Organizar estas 5 jornadas había costado alrededor de unos 15.000$.

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Aunque bastante discreto, en todo esto había un afán proselitista y antes de empezar a repartir la cena había testigos de jóvenes que se habían entregado al vicio y al desenfreno, pero que habían encontrando en la fe el soporte necesario para enderezar sus vidas. La verdad es que el ambiente del lugar recordaba más al de un festival de música que no al de una sermón religioso. Había mucho punk y hippie desaliñado, pero también vimos a muchos hipsters y chicas monas con vestiditos dignos del más cool de los festivales veraniegos.

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Después de la cena una señora se acercó a nosotros con una hucha. Al ver que se acercaba preparamos la cartera para la bien sabida donación, pero sorprendentemente no venía a pedirnos dinero sino que nos pidió amablemente que le escribiéramos en un papel algo por lo que ella y su comunidad pudiera rezar. La pregunta, de entrada, nos desconcertó bastante, pero al final le entregamos un papel donde le pedimos que rezaran para que tengamos un viaje seguro y para que nuestra familia tenga salud. Dejando de lado si creemos o no, a nadie nunca le  ha hecho daño que en algún lugar alguien rece por él.

Balance

Tardamos 6 días en recoger todas las cerezas del campo de Nirmal. Durante estos días entre los dos hicimos uno 470 cubos así que conseguimos un bonito cheque de algo más de 1000$. La verdad es que por el tiempo invertido la recompensa era más que satisfactoria aunque, como punto extra y negativo, de esta experiencia también nos llevamos unas 50 picadas de mosquito por pierna.

Tras una semana acampando sin ningún tipo de colchón más que una fina esterilla, decidimos pagarnos la que sería la tercera noche de hotel de este viaje. Nos quedamos en el Cactus Tree Inn un motel de Oliver por 107$ la noche, no había demasiadas opciones. El cuerpo nos pedía a gritos descansar sobre una superficie blanda, pero también había el tema que el autobús hacia Kelowna salía a las 8.00 de la mañana y, por lo tanto, teníamos que asegurarnos de estar en el pueblo a esa hora. No podíamos confiar en llegar a tiempo haciendo autoestop porque a esas horas todos los pickers estarían trabajando.

Una cama mullidita, el aire acondicionado y una buena ducha convirtieron este motel de carretera en uno de los mejores hoteles que hemos visitado nunca.

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Unos días antes nos había llegado un correo que nos informaba que el 15 de julio teníamos que incorporarnos al equipo de Dendy’s Orchard en Kelownaasí que cogimos el BC Transit -por 10$, mucho más barato que el Greyhound aunque bastante más incómodo- y dejamos atrás nuestra semana haciendo de pickers en el desierto de Canadá para formar parte del packing crew de Dendy’s.

16 Comentarios

  1. Eduardo Blancas Gómez

    01/06/2015 at 5:50 am

    hola muy interesantes sus historias y aventuras.
    Estoy por ir a California y pensaba hacer picking conocerán algún lugar o podrán recomendarme alguno.
    thanks por su respuesta.

  2. hola me gustaria poder enviaros un email por que nuestro plan de este verano es el mismo, hacer picking durante dos meses a partir del 3 de julio, pero no hemos podido contactar con nadie que nos de una vaga idea de que vamos a encontrarnos y que debemos llevar preparado, seria possible? nos harias un gra favor muchas gracias

    • Guillem&Alexandra

      19/06/2015 at 1:31 am

      ¡Hola Mar! Estaremos encantados de explicarte lo que necesites. Mándanos un mensaje a través de la página del Facebook de Nuestro Diario de Aventuras 😉

  3. Hola, soy una chica de Valencia y estoy en Vancouver . Necesitó un trabajo y no sale nada “under the table”, así q veo una opción posible con lo de picker. Hay posibilidad de trabajar en Oliver?, como podría contactar con la persona que contrata?. Gracias por adelantado.

    • Guillem&Alexandra

      23/06/2015 at 10:32 am

      Hola Reme, creo que ya quedó todo claro por mail, si tienes alguna pregunta más ya sabes 😉

      • Hey que tal, tengo la misma pregunta que Reme. Me gustaria saber como contacto a alguien allá. Un amigo me dijo que el hizo esto hace un año, pero no me comento nada sobre los contactos y ya no lo he visto. Una vez en Oliver cómo podemos contactar a alguien?¿ O debemos hacer desde ahorita? El problema es que yo soy de esos que entran cómo “turista”.

  4. hola chicos!
    estaria interesada en el vivir la misma aventura este verano.. podeis pasarme algún contacto por favor?
    gracias

    • Guillem&Alexandra

      05/02/2016 at 10:25 am

      Hola Veronica,
      la semana que viene, cómo muy tarde la siguiente publicaremos una mini-guía con todo lo que creemos que quiere saber alguien antes de irse a vivir la misma experiencia que nosotros. Te animo a que estés atenta a nuestras redes sociales para no perdértelo, seguro que te será útil. Si estás interesada en empezar desde ya a buscar trabajo mirate este enlace que es donde encontrarás información acerca de contactos: https://bccherry.com/employment/whos-hiring/

  5. Fran Pugliese

    05/04/2016 at 3:21 am

    “Se hablaba de Apocalypto, un curtido mejicano capaz de desplumar una rama con un solo gesto” jaja muy bueno!

  6. Miguel Negrón

    05/05/2016 at 6:02 pm

    Muy interesante el artículo, pero tengo una duda.

    ¿Cuántas libras caben en cada cubo (bucket)?

    Me ofrecen una determinada cantidad de dinero por cada 20 libras recogidas, entonces quiero saber si me conviene o no.

  7. Hola!

    Muchísimas gracias por contar la experiencia y por curraros una Guía del picker en Canadá. Estoy en Calgary planeando una futura escapada al valle para conseguir un poco de dinero y así continuar el viaje, y vuestra info me está ayudando mucho a aclararme las ideas.

    Una abrazo!

    Irene

    • Guillem&Alexandra

      09/05/2016 at 6:31 pm

      Hola guapa!

      Muchas gracias a ti Irene por los comentarios 🙂

      Cualquier cosita ya sabes, tengo pendiente mandarte el contacto, I know it.

      Un abrazo!

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