Tofino: cuentos y playas

Vancouver Island. Tofino

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El alma caritativa que nos recogió en mitad de la lluvia se llamaba Manuela. Era alemana, de Munich, y chapurreaba algo de español después de un Erasmus en Alicante. Hace unos años vino a Canadá con un visado parecido al nuestro y ahora había vuelto de vacaciones solo para visitar Vancouver Island. Había alquilado un coche para moverse por la isla, una opción muy recomendable dado que el transporte público aquí es bastante limitado. Cuando le contamos nuestros planes nos propuso que fuéramos al día siguiente con ella a Tofino. Había contratado una excursión de una mañana en kayak que salía de allí y nos propuso que la acompañáramos, que visitáramos el pueblo mientras ella estaba ocupada que luego iríamos juntos a ver la Pacific Rim Park Reserve y la famosa playa de Long Beach. Nos pareció una propuesta genial. ¡Y nosotros que nos pensábamos que nos quedaríamos sin ver Tofino!

Quedamos a las 5.45 de la mañana, cuando aún era oscuro. Su excursión en kayak empezaba a la 7 pero, como buena alemana, quería ser puntual. Rezaba para que no se pusiera a llover y miraba con el ceño fruncido cada gota que caía sobre el parabrisas. De Ucluelet a Tofino hay solo 40 kilómetros y en 40 minutos estábamos allí.

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Tofino era de Cádiz

En 1789 el explorador español Alcalá Galiano cartografió esta parte de la costa de la isla y en su camino construyó un emplazamiento al que bautizó con el nombre Tofiño, como homenaje a su maestro de cartografía, Vicente Tofiño, un gaditano almirante de la marina. La eñe se perdió por el camino.

Hoy en día, Tofino es uno de los destinos turístico más famosos de la isla y de toda la Columbia Británica. En la década de 1970 se empezó a surfear en su costa y ahora, cuarenta años después, este deporte es el principal atractivo del lugar. Gran cantidad de turistas vienen aquí en verano para deslizarse por sus olas, pero también acuden en marzo cuando las ballenas grises cruzan sus aguas y se celebra el Pacific Rim Whale Festival. Surf, ballenas, naturaleza y pesca son la espina dorsal de este pueblo.

Peces y olas. La vida de Tofino se ha construido mirando el mar. Hasta los pasos de cebra

Peces y olas en los pasos de cebra. La vida de Tofino se ha construido mirando al mar

Cuando llegamos a Tofino ya no llovía, pero una densa niebla se alzaba alrededor del pueblo y ocultaba cualquier rastro del paisaje que se extendía más allá de la orilla. Cruzamos el pueblo mirando escaparates de tiendas de ropa de deporte y baño, de souvenirs y  de escuelas de surf. Todo estaba cerrado, el pueblo se estaba despertando aún.

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Dos edificios de Tofino que (por ahora) no se dedican al turismo

Nos encaminamos hacia el muelle y cuando llegamos nos encontramos con uno de esos paisajes que merece la pena contemplar en silencio durante unos minutos. En la quietud de esa fría mañana la niebla empezaba a levantarse y rebelaba las montañas que rodean el puerto de Tofino. La niebla, el agua oscura, la silueta de las montañas, los barcos pesqueros. Una postal genial. No pudimos reprimir un «¡Qué canadiense!«.

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El muelle de Tofino. Una foto tomada a las 8 de la mañana y otra a las 3 del mediodía

Llegó entonces una familia a bordo de una furgoneta que venía a comprobar si habían tenido suerte con sus trampas para cangrejos. Como quién se dispone a abrir un regalo de Navidad, los niños que habían madrugado revoloteaban nerviosos alrededor de su padre mientras izaba la jaula y la sacaba del agua. La verdad es que estaban llenas, pero ¡oh decepción! de estrellas de mar, una pesca nada provechosa. Solo habían conseguido un par de cangrejos, pero nos los mostraron con orgullo.

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El ingrediente principal de la próxima sopa de esta familia

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Si alguna vez os habíais preguntado cómo de fea era una estrella de mar al revés, la verdad es que mucho

Si lo ve, lo toca

Si lo ve, lo toca

Entonces,  como no, empezó a llover. No mucho, pero suficiente para hacernos buscar un lugar para desayunar o tomar algo caliente. Nos apresurábamos hacia una café cuando vimos sobrevolando el agua la silueta de una águila americana. Voló por delante nuestro y se alzó hasta posarse en un poste en frente nuestro. Fue genial poder ver tan de cerca a un animal tan majestuoso como este y comprobar lo grandes que son.

Haciendo peripecias para evitar que se mojara la cámara, conseguimos echarle alguna foto.

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La lluvia duró lo que duró el desayuno y después de esto el sol, poco a poco, se fue abriendo paso. Ya habíamos paseado por el pueblo de punta a punta y volvíamos a estar en la calle principal. Vimos una galería de arte y entramos, teníamos aún una hora antes de que Manuela terminara su excursión. Era la galería de Roy Henry Vickers, evidentemente nosotros no teníamos ni idea de quién era, pero resulta que aquí es famoso, sobretodo por sus cuentos ilustrados. Roy es un artista y líder reconocido de la Primera Nación. Una aclaración: Primera Nación o First Nation es el término políticamente correcto que se debe usar para referirse a los descendientes de los habitantes originales de Canadá.

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Resultó que en el momento en el que nosotros entrábamos, se disponía a empezar una presentación así que tomamos asiento y nos dispusimos a escucharle. No habló de las obras que colgaban de las paredes junto a unas etiquetas de precios extremadamente llenas de ceros, sino que nos explicó un historia sobre Ben, un león marino al que adoptó cuando era pequeño y al que cuidó como una mascota hasta que se convirtió en un animal adulto de 200 kilos. Qué partes de la historia eran ciertas y cuáles no era algo que teníamos que decidir nosotros. Yo dudé incluso de que se llamara realmente Roy…

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Los precios eran prohibitivos así que el auténtico negocio de la galería era la venta de cuentos y postales

Para acabar la exposición, cantó una canción de viaje, The Canoe Song. Aunque no entendimos nada de la letra, traducida decía algo así como: «Iremos por todo el mundo. Remando juntos. Nacimos para hacer esto. Es cierto«. De alguna manera sentimos que el mensaje nos encajaba como un guante.

Os dejamos el vídeo que le hicimos mientras cantaba.

El Pacific Rim National Park Reserve

A la hora de comer nos reunimos con Manuela y fuimos al Pacific Rim National Park Reserve. Si dejáis el coche en el aparcamiento de la reserva, hay que pagar unos 7 $ por ocupante del vehículo y dejar el comprobante del pago a la vista. Si no lo haces cuando vuelvas es muy probable que os encontraréis con una nota que os urgirá a pagar antes de 24 horas o se procederá a multar.

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Desde el aparcamiento hasta la playa hay apenas 15 minutos

Long Beach, 22 kilómetros de playa y 12 kilómetros más de pistas a través del bosque. Estos caminos forman parte de la West Coast Trail, una ruta de 75 kilómetros que recorre la costa oeste de la isla desde Port Renfrew a Bamfield y que suele hacerse entre 5 y 7 días. Nosotros no teníamos tantos días, así que nos conformamos con dar un paseo por esta magnífica playa.

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2 comentarios

  1. Manuela

    Tofino and Ucluelet are worth the traveling… 🙂

    • Guillem&Alexandra

      Of course they worth it! And thank you to your help the travel was better 🙂

      PS: We know that we have to send you the pics 😛

      How is going in Munich?

      See you!

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