La «Packing House»

Kelowna, packing cherries

Por fin habíamos empezado a trabajar con las cerezas en Dendy’s Orchard, Kelowna. En nuestro primer día nos asignaron, como a la mayoría, al equipo de sorting. Esto significaba que nos pasaríamos el próximo mes mareando de un lado a otro miles y miles de cerezas para separarlas en función de su calidad.  Empezamos con muchas ganas, dispuestos a hacerlo lo mejor posible, concentrados al máximo y conscientes de que nuestros ingresos dependerían directamente de la cantidad de trabajo hecho. Ganaríamos 1,29$ por cubo de cerezas que repasáramos, así que teníamos mucha faena por delante. Íbamos a por todas y teníamos la moral muy alta, pero… menos de una hora después de empezar Guillem ya quería pegarse un tiro.

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Desde luego no estaba hecho para ese trabajo. La mesa era demasiado baja y le dolía la espalda, le exasperaba repasar las cerezas y comprobar que siempre se le pasaba alguna por alto. Cada vez que daba un cubo por hecho, llegaba el encargado y le encontraba más y más fruta que tenía que desechar por alguna imperceptible muesca. Os sorprendería saber cuántas veces se revisan las cerezas antes de llegar al consumidor y la cantidad de fruta que se queda por el camino. Nosotros éramos los encargados de mirarla con más detenimiento, pero antes ya había pasado un repaso previo. Después estaban los encargados de darle el visto bueno a nuestra faena y luego se las volvían a mirar un par de veces más antes de empaquetarlas.  La cuestión es que Guillem era bastante lento y sumar una cantidad decente de cubos parecía muy complicado. Total, que en menos de 60 minutos ya estaba haciendo planes para buscarse otro trabajo.

Su incomodidad debía ser muy evidente, porque la jefa del equipo se le acercó y le ofreció, muy cortésmente, otro trabajo. «No es que seas lento, es que no tienes paciencia para esto. Pero no te preocupes, hay otros trabajos. Ves a buscar una chaqueta, te necesitan en la nevera». Mientras decía esto a Guillem le pareció ver alrededor de su salvadora un aura de luz divina. ¡Podría escapar del sorting! Qué más daba tener que trabajar dentro de una nevera si podía ahorrarse esta faena.

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Nos íbamos a la nevera, pero antes de explicaros cómo nos fue en nuestra particular Invernalia, os explicaremos como funcionaba la packing house para que entendáis un poco mejor lo qué hacíamos aquí.

El viaje de las cerezas

El proceso empezaba tan pronto como asomaba el sol. A las cinco de la mañana los pickers empezaban a recoger la fruta como hicimos nosotros en Oliver. A medida que llenaban cubos los acumulaban en unos grandes contenedores que, una vez llenos, se cargaban en los camiones de la empresa. Cuando se juntaban suficientes contenedores se transportaban hasta la packing house y empezaba nuestro trabajo.

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No tardamos en comprobar que aquí los pickers conformaban una especie de casta a parte. No era solo porque vivieran en un campamento diferente, sino porque para hacer de picker era obligatorio haber trabajado, como mínimo, un año en la packing house y, por lo tanto, todos ellos eran veteranos. Esta experiencia les hacía sentir autorizados a condicionar el ritmo de trabajo de toda la empresa en función de sus designios. ¿Que un día les daba por organizar una degustación de vino por la tarde? Pues trabajaban un par de horas por la mañana y luego se plantaban alegando que no podían recoger más fruta con alguna excusa mediocre. De esta manera se aseguraban que la empresa terminaría de trabajar por falta de fruta alrededor del mediodía y que tendrían toda la tarde para disfrutar de su vinito. Y no los despidieron.

Pero volvamos al proceso. Una vez llegaban los contenedores, se descargaban cuidadosamente en una maquina llamada cluster buster. En esta primera parada la fruta se sumergía en agua y se centrifugaba para limpiarla, enfriarla y, sobretodo, para separar aquellas que aún estuvieran unidas por el tallo.

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Una vez limpias y separadas, las cerezas pasaban una primera criba de calidad y se distribuían en cubos. En este punto se calculaba la cantidad de fruta cosechada y se controlaba el stock acumulado. Este momento era clave ya que la fruta tenía que ser siempre lo más fresca posible y, por lo tanto, resultaba vital gestionar bien las existencias de acuerdo con los pedidos a satisfacer. De aquí,  a través de una cinta transportadora, se mandaban los cubos a los sorters.

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Como ya os hemos explicado, este era el momento de separar las cerezas. Un encargado revisaba el trabajo de los sorters y cuando les daba su aprobado, empujaba las cerezas hasta un canal de agua fría que las transportaba hasta la siguiente sala.

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En esta otra habitación, una máquina llena de agua enfriaba la fruta hasta el hueso y gracias a unos rodillos y a unas cámaras la separaba en función de su tamaño. Una vez más, se revisaba la fruta. Esta vez lo hacían los más desafortunados de los sorters, estos pobres no solo tenían que ponerse a buscar la fruta marcada sino que encima tenían que hacerlo sumergiendo las manos en agua helada. «Mortalmente aburrido» o «el peor trabajo de mi vida» fueron alguno de los adjetivos que se utilizaron para describir esta parte del proceso.

Entonces llegaba a las manos de los packers. Casi todos ellos eran miembros de una misma familia de origen indio y que estaba dirigida por la matriarca. Su papel consistía, básicamente, en amortiguar con las manos la caída de las cerezas desde la cinta transportadora hasta el interior de las cajas y, de vez en cuando,  comprobaban el tamaño de algún fruto o se deshacían de los defectuosos que hubieran superado todos los filtros. Una vez las cajas estaban llenas las empujaban hacia otra cinta y a través de una pequeña ventana llegaban hasta nosotros.

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Decimos siempre nosotros porque después de que trasladaran a Guillem a la nevera, decidieron que Alexandra debía ir con él. Los responsables de asignar tareas tenían la teoría de que las parejas son mejores cuando se trata de trabajar en equipo en situaciones de estrés o cuando todo se descontrolaba. Pronto íbamos a comprobarlo.

En la próxima entrada os explicaremos cómo nos fue en el reino helado de la nevera.

4 comentarios

  1. Gustavo

    Hola gente:
    Me encanta vuestro blog. Os agradezco vuestras entradas tan interesantes y descriptivas, vuestra pormenorización e ironía me ha ayudado bastante.
    Resulta que me busco la vida de diversa índole, en invierno soy profe de yoga en un pueblo del norte de extremadura, y en primavera verano y otoño temporero, picker, suelo coger cerezas hasta el 30 de junio cerca del valle del jerte en España, y había pensado irme el año que viene durante julio, agosto y parte de septiembre a Canadá como picker, pero tengo algunas dudas y no sé si vosotros podréis ayudarme.
    Un saludo
    Gracias, ánimo.
    Gustavo

    • Guillem&Alexandra

      Hola Gustavo,
      gracias por tu comentario, se agradece 😉
      Si quieres mandanos un mail por la página de Facebook o a nuestrodiariodeaventuras@gmail.com con esas dudas y a ver si podemos ayudarte 🙂

      Saludos!

  2. Telma Patricia ba cal

    Yo soy una mujer que tiene él sueño dé trabajó en Canadá

  3. Telma Patricia ba

    Hola como puedo obtener un trabajó en Canadá

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